
Me asustáis, grandes bosques, igual que catedrales;
y rugís corno un órgano y en nuestros corazones,
estancias resonantes de estertores antiguos,
les responden los ecos de nuestros De Profundis.
Océano, te odio; mi espíritu en sí encuentra
tu tumulto, tus saltos; y oigo esa amarga risa
del hombre fracasado, preñada de sollozos,
en esa risa enorme, implacable, del mar.
Cómo me gustarías, ¡oh noche! sin estrellas
cuyo fulgor me habla incógnitos lenguajes.
¡Porque busco el vacío, la desnudez, lo oscuro!
Pero las tinieblas también son estrellas
donde viven surgiendo de mis ojos a millares,
seres que ya se fueron, de familiar mirada.
y rugís corno un órgano y en nuestros corazones,
estancias resonantes de estertores antiguos,
les responden los ecos de nuestros De Profundis.
Océano, te odio; mi espíritu en sí encuentra
tu tumulto, tus saltos; y oigo esa amarga risa
del hombre fracasado, preñada de sollozos,
en esa risa enorme, implacable, del mar.
Cómo me gustarías, ¡oh noche! sin estrellas
cuyo fulgor me habla incógnitos lenguajes.
¡Porque busco el vacío, la desnudez, lo oscuro!
Pero las tinieblas también son estrellas
donde viven surgiendo de mis ojos a millares,
seres que ya se fueron, de familiar mirada.
Charles Baudelaire,Obsesión
Fotografía: Waclaw Wantuch





